
Colectivos activistas de Salud menstrual impulsan campañas de concientización tras el histórico consenso científico que rebautizó a la condición como Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), una patología multisistémica que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil y cuya detección demora hasta siete años.
El pasado mes de mayo marcó un antes y un después en la salud hormonal. Un consenso global publicado en la revista médica The Lancet dictaminó dejar atrás las siglas SOP para adoptar el término Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP). La antigua denominación, acuñada hace décadas, resultaba inexacta y reduccionista: ni se trata de «quistes» patológicos —son folículos que no llegaron a desarrollarse— ni es un problema estrictamente ginecológico o reproductivo. A raíz de este hito, activistas de salud menstrual lanzaron campañas federales en redes sociales para exigir que la actualización médica se traduzca de inmediato en las consultas cotidianas.
La urgencia del reclamo civil radica en las barreras sistemáticas que enfrentan las mujeres para acceder a un diagnóstico certero. Históricamente, el abordaje clínico se vio entorpecido por la invisibilización de síntomas metabólicos y un marcado sesgo de peso. «Pasé por cuatro profesionales que ignoraron mi fatiga crónica, mi ansiedad y la falta de menstruación; solo me decían que tenía que bajar de peso y me recetaban anticonceptivos sin hacerme un solo análisis hormonal de fondo», relató Sofía Díaz, integrante de la asociación civil MenstruaLab, quien debió esperar casi una década para ponerle nombre a su padecimiento.
El nuevo marco científico del SOMP valida las denuncias de miles de pacientes al reconocer que la resistencia a la insulina y las alteraciones endocrinas son el núcleo del trastorno, y no consecuencias secundarias. Al no depender de una ecografía con la imagen «típica» de ovarios poliquísticos, los especialistas esperan que este cambio agilice las detecciones tempranas. Para las activistas, el cambio de nombre es un triunfo político y sanitario: es la herramienta científica definitiva para demandar una atención multidisciplinaria que deje de culpabilizar a las pacientes y comience a tratarlas de forma integral.